– Noam, Noam ven acá.

El se acerco lentamente, sus ojos azules inexpresivos miraron al robot que estaba sobre la mesa.

– Noam este el robot que se descontrolo, hace falta que lo revises.

Noam al ver el robot no pudo dejar de temblar, a duras penas pudo controlarse.

– ¿Que le sucedió? pregunto Noam.

– Responde a otro nombre que no es el que se le dio.

– Pero eso es normal, los robot niñera también responden a los apodos que los niños le ponen. Eso esta dentro del programa.

– Ese es el problema. No es, precisamente, a un niño al que ella responde por otro nombre, sino a un joven. ¿Es eso posible?

Noam no respondió se dedico a pedirle la serie a la computadora central. Inmediatamente apareció la descripción del robot.

– Pregúntale los nombres que ha tenido, que comiencen con “n” –le pidió el profesor.

En la pantalla aparecieron dos nombres: Nina y ¡Noria!

– Noria, ese es el nombre por el cual ella respondía. ¿Como es posible si ese nombre se le borro?

– ¿Como se llama el joven al que ella responde?

– Vamos a ver.

El hombre busco en la tablilla le pusieron Kirda… El niño Vig… El joven, aquí esta el joven: Liher.

Noam le pregunto a la central si Noria había criado algún niño llamado Liher. La respuesta no se hizo esperar: “si”.

– No hay dudas. Es interesante, solo que no tenemos tiempo para esos detalles. El problema es que se descontrolo y habrá que destruir toda la información y reprogramarla de nuevo.

– Deberíamos investigar las causas replico Noam débilmente.

– Noam, creo que tu tampoco estas muy bien que digamos. Como se te ocurre contradecirme. Tú tienes que hacer lo que yo te diga. Solo eso.

– Si profesor.

– Sabes lo que tienes que hacer: Borrar toda la memoria asociativa, que no quede ningún enlace con su pasado. Y desactívale la red de percepción. Yo personalmente me encargare de reprogramarla.

El hombre se alejo lentamente arrastrando el pie derecho. Noam vio su cabeza blanca. Y recordó a Tom. También el tenia los cabellos blancos, pero no era profesor, sino un investigador como el. Miro a su amiga. Una idea lo hizo temblar de miedo. El corazón le latía de prisa. Otra vez aquel descontrol. Las manos le temblaban. Pensó en los choques eléctricos que le esperaban, sino se controlaba. Con mano temblorosa activo los circuitos de Noria. Lanzo una mirada asustada a su alrededor. No podía explicarse porque lo hacia.

Ella parpadeo varias veces. Noam se le acerco.

– Ola amiga

Ella volvió su rostro hacia el. Noam observo sus ojos detenidamente. Era esa mirada dulce que tenían los robots de la serie RN, pero en ella había algo especial en su mirada. Recordó que Tom había estado años diseñando los ojos, la expresión del rostro, que había consagrado su vida a lograr esa mirada y que la serie 300 fue la ultima que diseño. Después nadie ha podido lograr nada igual, ni siquiera los profesores. Siempre se pregun¬to porque era tan importante para el la mirada. Los profesores nunca estuvieron de acuerdo, para ellos estaba perdiendo el tiempo. Solo el profesor Wiener lo apoyaba.

– Ola amigo

Al fin hablo, con esa voz. Solo alguien como Winner pudo haber creado la serie RN. Apoyado por, Tom: el que soñaba que era un niño. También el, y por eso lo vigilan. No quieren que suceda lo mismo que con Tom.

– ¿Que paso con ese tal Liher?

– Con Liher…

– Si con Liher ¿Que edad tiene?

– ¿Edad?

– Si, de acuerdo a su fecha de nacimiento que edad tiene.

– No recuerdo.

– Eso quiere decir que tienes borrada la fecha de su nacimiento. ¿Y el nombre de Liher lo recuerdas?

– Si, recuerdo.

– Debía estar borrado también. ¿Crees que Liher es un niño?

– No se que sucede, Me he pasado el programa de test y da que hay descontrol en mi sistema. Ahora mismo estoy pensando en Liher y eso no es normal.

– Porque piensas en Liher, no me gusta que pienses en el.

– No seas tonto Noam. Tú te pareces tanto a Liher, eres un niño grande, igual que Liher, estas tan apegado a mi. Liher siempre corría a verme cuando le sucedía algo, al igual que haces tu. El siempre buscaba en mi la respuesta a sus problemas. El también sufre. Los humanos son tan difíciles y el es tan noble…

– Basta no soporto que me hables así de ese…

– ¿Que te sucede Noam? ¿Estas celoso?

– ¿Celos?

– Si, celos, porque crees que lo quiero mas a el que a ti.

– ¿Y no es así?

-Eso es absurdo, yo no puedo querer a nadie, yo soy un robot. Yo solo trato de comprenderlos, de ayudarlos.

– Si yo se que lo único que haces es clasificar, manipular definiciones, reconocer conflictos, actualizar la base de conocimientos, traducir el significado de los símbolos para interpretar la fantasía infantil, etc., etc. Pero yo no creo eso. Basta ver tus ojos, escuchar tu voz.

– Eres tu quien le da ese significado, es tu forma anímica de percibirme. Mis ojos son iguales a todo el robot.

– Ese es el problema, tú no eres igual a los demás robot. Tú fuiste la última de la serie RN300. En ti Tom puso su alma.

– Se que admiras mucho a Tom pero no creo que en mi haya nada especial. Tú si eres especial Noam.

Y diciendo esto volvió a recostar la cabeza y quedo inmóvil. Noam comprendió lo absurdo de su reacción. Ella tenia razón estaba celoso. Y decidió controlarse y comportarse como un investigador, para eso estaba programado.

– ¿Por que dices que Liher es un niño grande?

– Porque son individuos necesitados.

– ¿Necesitado de que?

– Como los niños, necesitado de seguridad, de afecto. Sienten miedo.

– ¿Como puedes saber que sienten miedo?

– Lo he aprendido.

– ¿Como? ¿Como puedes aprender lo que los hombres sienten?

– Sintiendo al niño llorar, por hambre, por frío, cuando tienen sed; entender sus necesidades, su miedo. Uno llega a aprender lo que el niño necesita; luego verlo crecer, transformarse, sentir su miedo a cada instante, su inseguridad; siempre dando los primeros pasos, tambaleándose, verlo caer y escuchar su llanto ante el fracaso.

– El robot guardo silencio por unos segundos, y luego continuo.

– Verlo reír, saber porque esta alegre y cuales son las cosas que lo alegran y cuales lo entristecen. Jugar con el, acariciarlo. Yo le canto y lo siento tranquilo, escucho el latir de su corazón, siento la temperatura de su cuerpo; se que se siente seguro, protegido.

– ¿Por que atendías a Liher?

– Porque tiene ojos de niño, en ellos veo su tristeza, su falta de alegría. De niño siempre tenia miedo; cuantas veces se despertó de madrugada llamándome asustado. Como se abrazaba a mi sollozando. Era un niño muy débil.

– Tu memoria fue borrada, no debían quedar conexiones con tu vida pasada. Tu cerebro solo asocia estructuras semánticas incompletas, las cuales se adecuan a cada caso. Tu red de asociación debía estar hueca, para luego ir llenándose nuevamente, en tu nuevo estado. Solo los objetivos deben guiar tus acciones, los cuales deben confrontar con los nuevos hechos. A no ser que exista un mecanismo de asociación para las emociones, desde otro enfoque. Es extraño tu que no sientes nada, todo lo sabes; en cambio yo… siento y lo peor es que no se que es… Que es esto que llevo dentro. Y estas pesadillas que me destruyen. ¿Tu has tenido pesadilla?

– No, los robot no sueñan.

– Yo tengo pesadillas, pero las tengo que ocultar, sino me ponen bajo tratamiento.

– Tienes miedo.

Noam contemplo sus ojos y se vio reflejado en ellos.

– Si, amiga tengo miedo, mucho miedo.

– Lo veo en tus ojos, estas muy nervioso.

– Yo no puedo sentir miedo. No puedo. ¿A caso no soy una criatura lógica? ¿Tengo algún desperfecto?

– Eres como Liher.

– Pero Liher es un humano.

– Y tu Noam. ¿Que crees que eres tu? Yo que conozco a los humanos que los he visto crecer y que los he educado. Te digo Noam que nada hay mas humano en este mundo que tu.

“Soy un hamubis, tengo un código que seguir; a partir de ahora me consagrare a ese ideal; nunca mas volveré a amar a nadie. Soy un hamubis, mi vida se debe a una causa justa; nunca mas correré detrás de ninguna mujer; me consagrare a escribir mis obras; dedicare toda mi energía a trabajar; nunca mas buscare el placer; no mas esperanzas; el amor no existe, nadie ama a nadie. Escribiré día y noche… Día y noche… Total a mi nadie me espera… Nadie me espera… Otra vez ese silbato: no iré… No iré… Soy un hamubis… Tengo que escribir… No iré…

En el podio estaba el grupo Homos, era el grupo musical del momento, tocaban casi desnudos y en sus conciertos incitaban a los demás a desnudarse; hacían enloquecer al auditorio. Había acabado de llegar y se sentó casi al final de las gradas: “no debí haber venido… no se que hago aquí…”.

El show iba a comenzar, todas las luces se encendieron a la vez. El animador se acerco al micrófono.

Jovencitosss y jovencitasss. Hoy tenemosss a un invitado essspeciaal, alguien que ya muchos han oído mencionarr; una arrtista de fama mundiall: ¡Laaaa diablesa! Acompañada porr el grupo looss Homoosss.

Ella salía al escenario con un traje blanco, con botones plateados, los cuales emitían fugaces destellos, sus cabellos negros hacían contraste con el blanco de su traje; y sobre todo aquellos ojos verdes, fascinantes. Ella avanzo bailando por toda la pista, se introdujo en el publico; sintió el efecto de su mirada; ella se desplazo hacia el otro lado, el vestido estaba entallado al cuerpo parecía que de un momento a otro se iba a romper. La música se iba tornando cada vez más rápida, mas violenta. El vestido se abrió y a la vez que un muslo se dejaba ver, varios botones saltaron y rodaron hacia el público, se escucharon exclamaciones, gritos, otros se arrastraban por el piso buscando los botones. Ahora se desplazaba furiosa por entre el publico, se despeinaba; mientras nuevos botones saltaban del vestido; parecía como si todo le quedase pequeño, como si no cupiera en si misma. Ahora el vestido estaba abierto a ambos lados, dejando ver parte del muslo y aquellas piernas perfectas. Avanzaba entre el publico enloquecido; la vio acercarse nuevamente, palideció; vio sus ojos verdes adquirir una fiereza casi bestial, tembló; ella llego hasta el final de la fila, vio sus cabellos revueltos; su boca roja, entreabierta, y aquellos ojos brujos, de pupilas verdes, terriblemente verdes. La vio allí frente a el, bastaba solo extender la mano para tocarla. Ella comenzó a menearse, luego hizo un movimiento brusco con los hombros y varios botones saltaron de su pecho. Los gritos no se hicieron esperar, chillidos que venían de todas partes, el estaba mudo, petrificado. Ella retorno al escenario, el publico estaba de pie enloquecido, dando gritos. El seguía allí sentado, oculto por las gentes que la aclamaban. Luego se arranco los últimos botones que le quedaban y se los lanzo al público, pero el vestido no se abrió como todos esperaban; ella sonrió y desapareció detrás de las cortinas.

Volvían nuevamente los Homos. Las gentes estaban histéricas, las chicas comenzaron a arrancarse los botones de las blusas, los chicos comenzaron también a imitarlas. En silencio, en medio de sonidos estruendosos, se fue replegando, fingiendo que bailaba, se fue alejando, se arranco algunos botones de la camisa para disimular, hasta que alcanzo la salida; y a hurtadillas salio del lugar.

Aquella noche la diablesa bailaba solo para el, la veía danzar con aquel fuego interior: arrojarse a sus brazos loca de pasión. “La diablesa…”.

Ya era de día, se sentía extenuado, tomo los manuscritos de su novela.

“Tengo que seguir escribiendo”

Volvía a su mente la imagen de la diablesa.

“No pensare mas en ella… Si pudiera conocerla… Podría solicitar un video de ella… Tal vez todos sus videos… Para verla siempre, verla bailar para mi; contemplar sus ojos… Su cuerpo… La diablesa… Si pudiera conocerte…”

Copio los manuscritos y los volvió a guardar, no tenia deseos de escribir. Se sentía abatido, sin fuerzas para nada. Se volvió a acostar: “La diablesa… “.

Las ciudades en ruinas tienen un extraño encanto, caminar entre los escombros, observar como las plantas echan raíces en las paredes y como brotan flores entre las piedras. Contemplar las paredes sin techos, las columnas solitarias. Sentir aquel abandono total, era como revivir la nostalgia de lo que un día fue. Aquel lugar estaba tan a tono con su espíritu contemplativo. Allí debía esperar a su amigo Omar. No tuvo que esperar mucho, lo vio subiendo la escalinata y no espero que llegara hasta el, tenia algo muy importante que decirle.

Omar, quiero ser hamubis.

¿Crees estar listo?

Si estoy decidido, quiero ser hamubis.

Esta bien mañana te llevare. Yo pasare a buscarte.

Se separaron, camino sin rumbo por entre los escombros; luego se dirigió hacia el parque. A lo lejos diviso las figuras de Liher y Herli sentados en un banco. Pensó, entonces, escribir una novela sobre ellos. Pero… ¿Cual seria el final? Se asusto de la idea que le paso por la mente. Se acerco un poco mas, quería ver sus rostros, sentir su felicidad. Sus pupilas se llenaron de nostalgia, lentamente sin ser visto se fue alejando en silencio, atrás quedaban ellos abrazados a su felicidad. Y pensó escribir un poema, un poema sobre el amor; un poema lleno de ternura: “nadie responde a mi voz, nadie… Silencio, solo silencio… El mundo es ajeno a mi dolor…” Y pensó que lo mejor era escribir un poema sobre la soledad. Y se marcho tratando de coordinar las ideas, de darle forma, de sujetarlas. Cuando llego a la casa, un sentimiento de inmensa soledad lo envolvió, anulándolo y las ideas se liberaron desgarrándole el alma; callo inerte sobre la cama, sin fuerzas, sangrando lagrimas hasta dormir.

Era de día y ambos habían partido en el autovion: sobrevolaban sobre bosques y ríos, luego descendieron en un claro. Allí había un grupo de hombres, todos viejos; uno de los ancianos se le acerco y le tendió la mano, el anciano lo llevo hasta el centro de una pequeña plazoleta. Sintió como el corazón le latía apresuradamente, miro a su alrededor, eran exactamente siete ancianos. Jamás había visto tantos viejos juntos. En la ciudad los viejos eran enviados al asilo, solo entre los sacrificados se podía encontrar alguna persona mayor. Y ahora frente a el tenia nada menos que siete ancianos; observo sus caras arrugadas, sus movimientos pausados, sus cabellos blancos y se pregunto que edad tendrían. El anciano que lo había recibido se dirigió hacia Omar.

Rabindranat, el es tu sexto compañero, con el se cierra el ciclo. Nadie mas puede integrar tu grupo.

Después se volvió hacia el.

Albert Hamub fue desterrado de la ciudad por oponerse a las ideas de John Free: fue apedreado por todos, fue escupido y tildado de loco. Pero poco a poco fueron surgiendo seguidores de sus ideales. Y creo su propia ciudad. Una ciudad de trabajadores, allí se conservan todas obras mas importantes de la humanidad; desde esculturas, pinturas, novelas, poemas, y todo cuanto ha producido el genio creador de la humanidad. Allí conservamos la historia de la humanidad.

Y diciendo esto se volvió hacia el grupo de ancianos.

Léanle nuestro código.

Uno de los ancianos se adelanto con un papel en las manos.

Primero: la cultura es un proceso histórico, el cual no puede ser violado, ni alterado. Todo legado anterior hay que asimilarlo y enriquecerlo.

Segundo: Nadie puede cambiar las tradiciones, ni detener la evolución de la sociedad. Cualquier intente de este tipo lo único que hace es fomentar la violencia y la destrucción.

Tercero: La conciencia social encierra los ideales de toda la humanidad, las esperanzas de cada época; cada hombre se nutre de esa conciencia e interactúa con ella, y son precisamente esos ideales los que guían a la humanidad, y no la búsqueda exclusiva del placer.

Cuarto: El ser humano tiene un pasado, y tiene deberes y obligaciones que cumplir: esta inexorablemente comprometido con su época. Nadie puede solo vivir en el presente sin importarle el pasado ni el futuro.

Quinto: Para preservar el legado de la humanidad, para recordar el pasado, para luchar por el mejoramiento humano, para elevar nuestra conciencia social y nuestra vida espiritual. Se creo la sociedad de los hamubis.

El anciano se retiro y tomo nuevamente la palabra el anciano el principal, el de las largas barbas blancas.

Yo Leonardo, el más viejo de los ancianos, te nombro miembro de nuestra sociedad de hamubis. Y a partir de hoy te nombraras Hanlet.

Todos se le acercaron para darle la mano.

Ahora sentía que no estaba solo en el mundo, que formaba parte de algo, su vida a partir de ahora tendría un sentido; algo por que luchar.

Liher entro silenciosos al cuarto, allí estaba ella, con el niño en los brazos.

Noria.

Ella se volteo.

Dime Liher.

¿Noria? grito la madre saliendo del otro cuarto.

Como tu respondes por Noria. ¿Cual es tu nombre?

Kirda, señora.

Entonces. ¿Por que respondes por Noria?

Yo te voy a explicar mama.

Tú no tienes nada que explicar. Tú eres el culpable. Estas trastornándolo todo. No te das cuenta, has vuelto loco al robot. Ya no me sirve.

No mama ella es Noria.

¡Cállate! Ella es solo un robot.

Se le acerco al robot y le quito al niño.

Tu misión en esta casa era ocuparte del niño y obedecerme a mi. Solo a mí. Yo te puse Kirda y tu solo debes responder a ese nombre.

La madre copio el teléfono y llamo a la compañía.

Por favor mama, no lo hagas, no lo hagas.

En pocos minutos ya había un camión, a la entrada, con otro robot.

No permitiré que se la lleven.

Se abrazo a Noria. Un hombre lo separaró de ella, el otro se la llevaba; Noria lo seguía dócilmente.

¡Noria!, ¡Noria!

Ella se volvió un momento, lo miro con esa mirada tierna, como despidiéndose.

Noriaaaaaaa…

Ya ellos se habían llevado a Noria y Liher se había encerrado en su cuarto. Afuera estaba el nuevo robot nodriza, a quien la madre le entrego el niño.

Te llamaras Kirda, me oyes Kirda.

Si señora.

Por la madrugada Liher sintió al robot arrullando al niño, se le acerco sigilosamente, allí estaba ella con el niño en los brazos dando pasmitos de un lado para otro. Liher se paro frente a ella cortándole el paso. Ella alzo la vista; Liher vio sus ojos azules, inexpresivos; se quito y ella siguió dando pasitos de un lado para otro.

Tú no eres como ella. No eres como Noria.

Diciendo esto salio de la casa, con idea de escaparse de no regresar nunca mas. Así estuvo deambulando horas y horas por calles silenciosas. Amanecía, después de muchas vueltas había ido a parar a la ciudad infantil. Se sentó en el parque y lloro, no tenía a donde ir. Estaba solo.

Los niños estaban llegando, el ruido de los aparatos los saco de su dolor. Cerró los ojos para dejar caer una lágrima que pendía de sus parpados, que luego corrió veloz hasta ocultarse en sus labios y los apretó con fuerza. Se contuvo de llorar, tuvo que hacer un gran esfuerzo para disimular su llanto. No quería que ella lo viera así; si allí estaba Herli, quien ahora se le acercaba sonriente, pero su sonrisa pronto desapareció, noto los ojos irritados de Liher.

Te sucede algo Liher.

De nada servia ocultarle su dolor.

Se llevaron a Noria, ella fue quien me crió, quien me educo. Nadie entiende eso… Todo se lo debo a ella. Nadie entiende que pueda quererla.

Yo te entiendo Liher. Porque yo también sufrí mucho, y jamás he podido olvidarla.

Liher alzo la vista y la miro como si fuese la primera vez que se hubiesen encontrado.

¿Tu también…?

Ella se ruborizo. Era la primer vez que Liher contemplaba su rostro, el se fijo en sus ojos castaños y una voz interior susurro: “Herli”; ella respondió a su mirada dejando ver sus dientes blancos: “Liher”. El dejo escapar una vieja lagrima que traía colgada de sus ojos; quizás fuese la ultima que derramaría por Noria; ella lo abrazo. En el cielo una nube blanca trotaba sobre una pradera azul, detrás un gigante se desperezaba y estiraba sus enormes brazos blancos, mientras abría dos profundos ojos azules y dejaba escapar una sonrisa que se expandía sobre el azul del cielo.

Después de varios meses tratando de localizarlo, al fin Omar da con Romi, “el poeta”.

Es un hombre delgado de rostro pálido, de cabellos lacios que le caían sobre los ojos.

Hola Romi, soy un amigo.

Hola que desea.

No voy a estar con rodeos, usted es uno de los mejores poetas que he leído, su sensibilidad es asombrosa.

Omar hizo una breve pausa y fijos sus ojos en los del poeta.

Su obra no puede desaparecer.

No lo entiendo.

Usted me entiende y sabe que de un momento a otro lo detendrán.

Ellos ya ni si acuerdan de mi. Hace años que no voy a ninguna actividad. Y ya ve… ¿Por que van a interesarse ahora por mí?

No sea tonto, cada cierto tiempo realizan un censo por computadoras, usted tiene su numero en la red. Sabrán de usted y vendrán y le revisaran la casa, si le encuentran algo sospechoso lo juzgaran como hamubis, sino lo enviaran para el asilo, como a un enfermo y no saldrá nunca de allí. Y sus obras. ¿Sabe lo que le pasara? ¡Las destruirán!

¿Y usted que quiere de mi? el hombre lo miraba con recelo.

No, se equivoca amigo, no soy un sacrificado. Solo quiero salvar su obra, publicarla. Dejarle su legado a la humanidad.

¿Usted es un hamubis?

Eso no importa ahora. Solo importa salvar su poesía. Confíe en mí.

Al menos dígame su nombre.

Rabindranat.

El hombre lo miro a los ojos, Omar sostuvo su mirada, y sintió que podía confiar en el.

Esta bien le entregare todos mis poemas. Eso si quiero que me haga llegar el libro en cuanto lo editen.

De acuerdo.

Omar se había ido, ahora el poeta estaba solo, había entregado todos sus manuscritos, había confiado en un extraño; tal vez su obra nunca seria editada; tal vez la muerte le estaba acechando. Tenía cuarenta años, de los cuales veinte los llevaba escribiendo poemas, veinte años de soledad de aislamiento.

Sonó el timbre. En la pantalla apareció un hombre sonriente.

Hola Romi. ¿Como se encuentra? Me imagino que no muy bien de salud. ¿Verdad? Seguro, sino como explicar que usted ya no existe a ninguna actividad. Usted ha perdido la alegría de vivir, de buscar el placer. Usted debe estar enfermo, muy enfermo. Le propongo que se pase unos días descansando en el sanatorio. ¿Acepta?

No, no… Esta noche iré… Iré a la ciudad.

Bueno, si usted lo dice. Entonces… Diviértase.

Si, si, me divertiré.

Nos vemos Romi.

Adios, adios…

Bailaba con dificultad, se fatigaba enseguida, estaba enfermo. Omar lo observaba, sabia porque estaba ahí.

El bailaba, bailaba sudando copiosamente, sentía ganas de vomitar, pero seguía bailando. Una mujer muy joven se le acerco y lo tomo de la mano y salieron juntos. Ya en el auto.

Jovencita yo no me siento bien hoy, discúlpeme.

Lo se, lo llevare a su casa para que descanse.

¿Usted?… ¿Una hamubis?

Ella no respondió nada.

¿Y mi obra?… ¿Cuando estará?

Escuche: yo solo tengo instrucción de llevarlo a su casa, no se nada más. Ahora debo irme. Descanse, todo saldrá como usted desea.

Ella se asomo por la ventana y vio un hombre merodeando, sin dudas era un sacrificado. Comprendió que tenía que pasar la noche allí.

Transcurrieron varios días. Romi escucho el timbre del teléfono.

Hola amigo. De verdad que no lo comprendo, no se porque se esfuerza, usted esta muy enfermo, usted ya perdió el deseo de vivir. ¿Que quiere demostrar? Es absurdo en el asilo usted tendrá lo que usted necesita: descanso, tranquilidad.

Por favor déme unos días, solo unos días mas, después lléveme a donde usted quiera.

No lo entiendo. ¿Que usted se trae entre manos?

No… Nada, nada… Se lo juro.

Iremos inmediatamente para allá.

No, no… Aun no.

Había colgado, no habían transcurrido tres minutos cuando sonó el timbre de la puerta.

¡Oh no! Son ellos…

Abrió la puerta pero no había nadie. Su vista se fijo en el suelo, allí habían tres libros. Los tomo precipitadamente, su respiración era entre cortada. Se dejo caer en el sofá y comenzó a hojearlos, las manos le temblaban. En uno de los libros había una nota: SU OBRA LE SOBREVIVIRA. El sabía que en esos momentos en otra parte había miles de ejemplares circulando. Sintió nuevamente el timbre de la puerta. La abrió, tenia los libros apretados contra su pecho.

Ahora pueden hacer conmigo lo que quieran.

El representante de los sacrificados cogió los libros que le entregaba el guardián.

¿Crees que sea un hamubis?

No lo creo respondió Kas Troll.

Entonces, ¿por que no habla? El conoce a los que le editaron los libros.

A lo mejor ni los conoce.

En ese momento entro el viejo.

¿Que porque no habla? Sencillo. Para el la muerte no significa nada. Ese hombre esta enfermo, yo diría que muerto en vida, lo que tenemos es su cuerpo, su alma esta en estos libros y ya nada los puede destruir.

El viejo tomo los libros y fue a marcharse.

¡Un momento! Esos libros deben quemarse.

No Kas Troll, mi hijo los debe incluir en la biblioteca, esa es nuestra ley, conservar siempre algunos ejemplares.

Olvidas que lo que se conservan son autores famosos.

Y que te hace pensar que el no lo sea. Los hamubis no se hubieran arriesgado. Por otra parte nuestra obligación es conocer todo lo que sucede…

No me digas cual es mi obligación. Ni estés tratando de interpretar las leyes a tu manera. Aquí las reglas las impongo yo, y las leyes las aplico yo. ¿Esta claro? El viejo asintió con la cabeza. Llévate esos entupidos libros. Tú y tu hijo no saben hacer otra cosa.

El viejo no se dio por aludido y salio tranquilamente con sus libros.

Bien, ¿Que haremos con el? pregunto el otro.

Enviarlo al asilo.

Y no lo vas a crucificar.

No vale la pena, seria darle demasiada importancia.

Estaba solo como de costumbre, pensando como de costumbre; recordaba la primera vez que vio a Omar, fue hace años, entonces era muy joven, así como Liher, estaba tan desorientado; Fue cuando Omar se le acerco, había en el tanta tranquilidad en su rostro y aquella voz tan serena. Recuerda la sorpresa al oír aquel nombre tan inusual. Aun tiene grabada en la mente su presentación: “Me llamo… Albert, pero todo el mundo me conoce por Nil. Sabe yo soy muy popular… Omar puso cara de benevolencia, como si me dijera: eso no es lo importante. Somos muy diferentes, el sabe lo que quiere, se percibe en el un personalidad fuerte con una gran voluntad; y lo mas extraordinario era su magnetismo personal, ejercía una atracción especial sobre las mujeres, todas se enloquecían al verlo. En cambio el, parecía no darle importancia a su suerte, su vida esta rodeada de misterio. Una vez me dijo que había nacido en el mar; supuse que era una broma; pero lo dijo tan serio. El ha sido un gran amigo, siempre dándome aliento: tu sufres Nil,-me decía- sufres porque tienes sensibilidad, este mundo esta deshumanizado; ellos son seres instintivos que solo buscan el placer; es como si viveras entre animales y tu sufrieras por su causa, por no poder ser como ellos; y ellos a su vez se dan cuenta y tratan de anularte… El tiene razón sufro por esa causa… siento una angustia. Yo no soy como el… Nadie cree en mi”.

No muy lejos en un subterráneo Omar estaba reunido con unos amigos.

Rabindranat, mira los libros que conseguí: “Rimas y leyendas”, “La edad de oro” y “Corazón”.

¿Como los conseguiste? preguntó Omar.

Un anciano que se lo iban a llevar para el sanatorio. Me llamo y me entrego los libros…

Pero ¿por que te los dio a ti?

Sospechaba que yo era un hamubis. Para el esos libros significaban mucho y prefirió confiar en mi. Solo me dijo: ¡sálvalos! Y se fue.

Te arriesgaste Homero, podía haber sido una trampa.

Si lo hubieras visto, Rabindranat, como le temblaban las manos cuando me entrego los libros, si hubieras visto sus ojos, casi a punto de llorar. Hubieras creído en el, como creí yo.

Omar pasó las manos suavemente por los libros.

Pobre hombre conque celo guardo su secreto. ¿Y tu Carlos que trajiste pregunto Omar.

Yo… Traje unos poemas, no se si serán buenos, de un joven llamado Romi, son de amor, a mi me gustaron. Le dije que no se los enseñara a nadie. ¿Que tu crees?

Si son buenos, le editamos el libro y le hacemos llegar un ejemplar en secreto, como de costumbre. Pero hay que tener cuidado cualquier error puede poner su vida en peligro. No quiero que le suceda lo mismo que a otros. Yo hablare con el.

No quería estar ahí, pero al final tuvo que ceder ante las exigencias de su madre. Se sentía incomodo entre aquellas gente, su madre se le había perdido de vista en el tumulto, cansado intentaba alcanzar el salón mas apartado, prefería estar solo. Vio emerger una figura de entre las sombras.

Hola. ¿Como te llamas? pregunto ella.

Liher respondió el bajando la vista.

Yo me llamo Herli. ¿Por que tan solo?

Por nada y sin decir nada más le dio la espalda.

Liher, no quise enfadarte, discúlpame.

El se detuvo y se volvió con resignación. Cual no seria su sorpresa: ella era casi una niña, de grandes ojos expresivos.

No hay de que. Es que… es la primera vez que vengo aquí.

Yo es la segunda. Ayer debute diciendo esto se sonrojo.

¿Te sucedió algo desagradable?

Salí con un chico que me trato muy mal. No me gusto las cosas que me decía, era muy cruel. Nunca podré olvidarlo: rubio, muy fornido; se llama Big Troll. Por eso estoy aquí escondida. Yo se que me esta buscando. Tengo miedo.

Yo también repitió Liher mecánicamente.

El lo miro fijamente y sonriendo le dijo

Se me ocurre una idea. ¿Por que no salimos tú y yo?

No Liher, eso no puede ser.

¿Por que?

¿No conoces las reglas? Somos iniciados, nosotros no podemos escoger. Ellos nos escogen a nosotros. Tenemos que adquirir experiencia. Dos iniciados no pueden salir. Tendrás que dejar que alguien te escoja.

Yo no quiero salir con nadie, a mi no me importa ser iniciado. ! ¡No quiero!

Tendrás que hacerlo. Adiós Liher.

¡Herli! No te vayas.

Se fuerte Liher. A ti no te pegaran como a mi. Adiós.

A… Adiós…

Después de ese día Liher evito siempre encontrarse con Herli. Y casi siempre se las arreglaba para regresar solo. Siempre escurridizo, se mostraba poco comunicativo y hasta con el propio Nil se mostraba reservado. Solo Noria. Solo con verla a ella era feliz.

Ese día.

Noria, ya ha pasado más de un mes, y nada; yo te hablo, pero tú no respondes. Háblame Noria, háblame.

Y como respuesta aquella mirada, aquellos ojos fijos.

Noria por una sonrisa tuya daría toda mi vida. Sonríe Noria, sonríe para mi; como le sonríes a el. Háblame como le hablas a el.

La tomo de la mano fuertemente.

Noria, ¡cántame!…

Y diciendo esto se abrazo a su pecho y lloro en silencio, la mano de ella se deslizo sobre los cabellos de Liher

Cántame le dijo Liher con voz trémula mientras hundía su rostro entre sus senos.

Y muy suave como un susurro, Noria le canto.

Cuando ella termino, Liher la beso en la frente.

Gracias Noria, siempre supe que eras tú.

Esa tarde Liher fue a la ciudad infantil, esperaba encontrar a Nil y decirle que era ella, ¡Noria! Quería que todos supieran que Noria había regresado. Que ahora nunca más estaría solo.

Recorrió el parque pero Nil no estaba, sintió que lo llama¬ban.

Liher, Liher…

¿Herli? ¿Tu aquí?

Vine a recordar cuando era niña. ¿A ti no te gusta recordar?

¿No esta contenta, verdad?

Verdaderamente no. No se que es pero… No siento… Yo no se que le encuentran… Es difícil explicar…

Te entiendo Herli, no sientes placer en lo que haces. Es como si te faltara algo…

¿Como lo sabes?

Porque a mi me pasa lo mismo.

Ella se abalanzó sobre el y se le abraso llorando.

Liher vio a lo lejos una figura que se alejaba, lo vio detenerse y decirle adiós y luego perderse entre los árboles del parque; era Nil el solitario.

Cuando regreso a la casa la vio con el niño sentado en las piernas, jugando con él.

Hola Noria.

Ella alzo la vista y lo miro sin decir nada. Liher se sentó a su lado y comenzó a jugar con el pequeñín. Ambos le hacían gracia, ella tenía una voz tan dulce; Liher comenzó a acariciarle la piel, ella seguía jugando con el niño.

Así Noria sonríe, quiero verte sonreír.

Ella volvió su rostro hacia el.

Sonríe, sonríe.

Ella dejo ver sus dientes blancos.

Eso es Noria, sonríeme; siempre, siempre…

Liher esperaba, su madre estaba al llegar de un momento a otro con el bebe y el robot nodriza.

La madre entro con un niño en los brazos y detrás el robot. Liher fijo su vista en el robot, un estremecimiento le recorrió el cuerpo: “Noria”.

Mira el bebe Liher le dijo la madre.

Liher se acerco al bebe sin dejar de mirar al robot.

Es muy lindo.

¿Y que te parece el robot?

Liher la contemplaba absorto.

¿Como le pondremos? pregunto la madre.

¡Noria! grito Liher entusiasmado.

¿Noria? Si no me equivoco ese nombre se lo pusimos al robot que te crió a ti. ¿No es así?

Si respondió el joven inclinando la frente.

Repetir los nombre demuestra mal gusto, nadie hace eso. Le pondré… Le pondré… ¡Kirda! Eso es.

Escucha homoide, desde ahora te llamaras Kirda.

Si señora respondió el robot.

La madre le entrego el niño y el robot se lo llevo al cuarto para darle la leche.

Una vez que la madre se retiro, Liher fue hacia al cuarto y se le acerco al robot.

Siempre tuve el presentimiento que regresarías. Te he estado esperando. Yo nunca te he olvidado.

El homoide alzo la mirada y fijo sus ojos en el rostro infantil de Liher.

Yo se que tu eres Noria, lo se… Me alegro mucho que estés aquí de nuevo diciendo esto salio del cuarto.

La madre la intersecto.

Liher, mañana cumplirás dieciséis años, y podrás ir a la ciudad de noche. Oye que te pasa.

Nada, hare lo que tu

Liher caminaba despacio ensimismado. Le preocupaba la idea de tener que ir a la ciudad de noche. No quería ir. A el no le interesaba relacionarse con nadie. Se sentía como un extraño, tal vez seguía siendo un niño con cuerpo de hombre. Era demasiado torpe, ni siquiera sabia bailar. ¿Por que tenia que ir a la ciudad? ¿Por que?…

El homoide había acostado al niño, al volverse vio a Liher parado en la puerta, se detuvo por un momento y luego paso por su lado y siguió de largo.

Adiós Noria el homoide no respondió. El la siguió con la vista, la vio cerrar tras de si la puerta. Liher se acerco a la cuna.

Duerme, duerme tranquilo. Ella te cuidara.

A la mañana siguiente la despertó el llanto del niño. Asombrosamente la madre estaba levantada.

¿Donde esta ese homoide? ¡Kirda!

Fue entonces que vio aparecer al robot con el niño en los brazos.

Ah, ya creía y fue para el comedor.

Liher estaba allí, parado detrás del robot nodriza. Se puso frente a ella.

Noria, te acuerdas de mí. Yo soy Liher. También a mi me cargaste cuando era pequeño. ¿Te acuerdas?

De nuevo sus ojos se clavaron en el.

Yo se que me recuerdas. Tú no puedes haberme olvidado.

Acerco su mano hasta alcanzar suavemente sus cabellos.

Tú mismo pelo negro, y tus ojos castaños, oscuros casi negros; igual que los míos. Y tu voz, esa voz tan dulce, que llevo grabada en mi alma.

Sintió pasos.

Hasta luego Noria.

Liher se sentía ahora mas animado, paseaba por el parque infantil, y se imaginaba a el, al bebe y a Noria paseando juntos; y cuando el niño estuviera mas grande lo montaría en los aparatos, lo vería reír y reír; como el cuando era niño y Noria lo besaría, como a el. Allí estaba Nil, sentado en un banco. Necesitaba hablar con alguien, contarle de su regreso.

Hola amigo dijo Liher.

Hola como estas Liher.

Bien, muy feliz. Noria regreso.

¿Que Noria regreso?

Si vino a cuidar al bebe.

No tiene porque ser Noria, simplemente tu mama alquilo un robot nodiza para cuidar a tu hermanito. Hay miles de robot nodrizas, lo más probable es que no sea ella…

¡Si! ¡Es Noria! Yo lo se.

Y diciendo esto echo a correr.

¡Liher! ¡Liher! Esta bien es ella. Escúchame es Noria. Vuelve… Es Noria…

Liher fue directo al cuarto, allí estaba el homoide, tenia al pequeñín en sus brazos y le cantaba a media voz. Liher se acostó sobre el sofá, mientras escuchaba su voz se fue acomodando, se fue acurrucando al arrullo de aquella voz, hasta quedarse profundamente dormido. La niñera se puso de pie y con mucho cuidado acostó al bebe.

La madre regreso y lo encontró durmiendo en el sofá.

¡Liher! ¡Liher! Vamos levántate.

Liher abrió los ojos lentamente.

Escúchame Liher esta noche te llevare a la ciudad de noche, vendrás conmigo a las buenas o a las malas. Así que vístete.

Hoy se conmemoraba el centenario de la muerte de John Free. Kas Troll tenia preparado su discurso; miro el reloj, faltaban diez minutos, recogió unos papeles y salio; era un hombre grueso, de ojos saltones y cabello canoso.

La red estaba conectada al palacio de los sacrificados. Observo a las cámaras, todo estaba listo, se acerco al micrófono.

- Hoy no es un día como otro cualquiera. Hoy es una fecha especial para nuestro país. Un día como hoy, pero hace cien años murió el hombre que nos enseño el camino de la libertad. Que nos enseño a pensar como hombres libres. Su nombre: ¡John Free! Siempre he sido muy breve en mis conversaciones con ustedes, pero hoy; hoy es necesario extenderse, no poco se puede decir de un hombre como el. Habría que preguntarse: ¿Que éramos antes? ¿Que nos llevo a esa guerra fraticida, donde el mundo estuvo a punto de extinguirse? ¿Que es la felicidad? Todas esas preguntas se las hizo Free. ¿Que éramos antes? Hombres angustiados, cargados de resentimientos, sufriendo constantes decepciones; seres mezqui¬nos, envidiosos. Eso es lo que éramos. ¿Por que? ¿Porque nos educaban bajo la filosofía del miedo. El miedo al que dirán, el miedo a fracasar, el miedo al miedo. Teníamos que liberarnos de todos los tabú, de la falsa moral. El nos enseño. Nos dijo: busca el placer, siéntelo; Disfruta el presente, vive cada momento. Pero vívelo de verdad, sin falsas ilusiones, sin sentimentalismos románticos. Vive solo tu vida, sin chismes, sin hipocresía. Después de la gran guerra, se necesitaba un hombre como el para devolvernos la fe en nosotros mismos. El nos dijo que la guerra era producto de nuestra inmadurez para ver la vida tal como es: sin idealismo. Que detrás de cada guerra siempre había un fanáticas que a nombre de un ideal supremo, ya sea religioso, político, económico, romántico, era capaz de sacrificar a su pueblo en harás de su beneficio personal, y que los déspotas cambian de ideología como de camisa. ¿Y que nos quedaba al final? La sangre de un pueblo ingenuo, que se dejo arrastrar por la ambición o el odio de algún falso Mesías que prometía el cielo, o un arrogante líder que prometía una sociedad justa, o un político fracasado que solo veía en la violencia la forma de gobernar. Durante años nos han engañado con los grandes ideales de la humanidad. Pala¬bras tales como: justicia, igualdad, fraternidad, progreso, felicidad, amor. Pero que son en realidad, palabras, solo pala¬bras que se utilizan para engañar a incautos, que siguen detrás del canto de las sirenas. Era necesario abrir los ojos. Eliminar de una vez y por todas: ¡la ilusión!, ¡la esperanza! No más promesas. Basta de hablar de dignidad, de principios, de moral. ¡Basta de predicadores! ¡De mentirosos predicadores! ¡Basta de amenazas! De ataduras. Hemos sido esclavos de muchos prejuicios, utilizados constantemente. Nos hicieron dependientes. Nos convir¬tieron en seres soñadores, idealistas, místicos y sobre todo temerosos. Temerosos de no cumplir con nuestras obligaciones, obligaciones y mas obligaciones. Éramos esclavos de las obliga¬ciones. Pero esta es otra época, esta es una época verdaderamente científica, verdaderamente autentica. Donde cada cual es libre de hacer lo que le plazca. ¡Sin obligaciones! ¡Nadie tiene obliga¬ciones con nada, ni con nadie! Precisamente porque estamos en una era científica, en una era realista. Hoy todas las tareas la hacen los robots. Ellos son los que trabajan, los que se ocupan de todas las tareas hogareñas, de la limpieza, de la vigilancia. Por supuesto que hay tareas que los robots no pueden hacer, pero para eso estamos nosotros, los sacrificados. Para velar por el buen funcionamiento de la sociedad.

Se hecho hacia atrás para coger impulso y continuo.

John Free, nos lego mucho, nos hizo pensar, nos hizo cuestionarnos, muchas falsas verdades. Una de ellas era la conciencia. Como nos hicieron sufrir con la palabra conciencia. Con distinciones entre lo bueno y lo malo. Con el arrepentimiento masoquista. La conciencia era una forma de introducirnos el miedo dentro, de tullirnos, de convertirnos en seres enfermizos, atormentados, indecisos. Y por cuantas quimeras fuimos condenados al fracaso: ¡el amor! Alimentado por poetas cursis, por individuos fracasados que veían el amor una fuerza redentora, capaz de sacarlos de su profunda crisis. ¡Ilusos! La decepción era siempre peor, y así cada vez mas decepcionado hasta llegar al suicidio. Había que dar un rotundo ¡no! ¡No a las ilusiones! ¡No a la fantasía! ¡No a los ideales! ¡No a las creencias! Había que tener el inmenso valor de romper con ese mundo engañoso, con ese mundo de promesas, ¡con ese mundo ideal! ¡Totalmente irreal! Pero tuvo que surgir una guerra desastrosa para darnos cuentas que Free tenia razón. Y gracias a sus ideas hemos creado un mundo real. Un mundo tranquilo, pacifico. Que si no es todo lo tranquilo que debía ser es porque existen los hamubis. Que luchan contra nosotros, que nos envían cartas cuestionando nues¬tras decisiones, que hacen labor de proselitismo entre ustedes. Son ellos los verdaderos enemigos de nuestra sociedad. Ellos quieren regresarnos al pasado. Volver a esclavizarnos como antes, a exigirnos, a hablarnos en nombre de sus ideales; a embotarnos la mente con sus melodramas, a sentir mas la vida de los persona¬jes de una novela, que a realizar nuestro propio papel en la vida. Nosotros no necesitamos el llanto del fracasado, ni quere¬mos una sociedad angustiada. Todo eso pertenece al pasado, a la era de la ignorancia, de la duda. Hoy somos libres. Podemos gritar que somos libres. Que tenemos los ojos abierto a la vida, que buscamos el placer, sin miedo. Que vivimos plenamente nues¬tras vidas. Hoy como nunca te damos las gracias John Free por este legado. ¡La libertad!

Muchas gracias y que disfruten.

Desconecto su video terminal de la red y cambio de canal: “Otra comedia”. Se dijo resignado. Volvió a cambiar de canal. Unos comerciales anunciando productos. En el siguiente una película de aventura, que ya había visto. Así siguió pasando de canal en canal: musicales, anuncios, comedia, anuncios, musicales… Apago el televisor. Tomo una llave y abrió unas de las gaveta del estante. Allí ocultaba los libros que les regalaba su amigo Omar. Tomb uno: “cronicas marcianas”.

Hoy era la carrera de autos, pero no sentía deseos de ver nada. El tiempo inexorable seguía avanzando. Sabia que no le importaba a nadie, el era un accidente en este mundo, una pieza sobrante; un poeta de las sombras; un gemido imperceptible en una ciudad donde todos gritan; un triste, en un mundo de placer. Tal vez era solo un inadaptado, a lo mejor por eso todos le rechazaban. Pero no podía olvidar las palabras de Omar: “tu no eres igual que los demás, pero aun no estas listo”.

La vio sentada comiendo con otros chicos, desde aquella primera vez que la vio, hace casi tres meses, no ha dejado de seguirla; convertido en su sombra siguiéndola a todas: ¡Margis!, desde que vio sus grandes ojos pardos, tan soñadores. Ella era igual que el, eran dos almas gemelas. Una vez la escucho suspirar, y sintió como su alma se escapa y se lanzaba como un tigre en su caza. Ella no sabia que el la amaba, pero tal ves lo presentía; estaba unida a el. Ya ella era parte de su vida.

La vio salir, el la siguió a cierta distancia hasta su casa, la vio entrar y luego encender las luces, el estaba bajo la ventana de su cuarto; así la estuvo frecuentando durante varios días, siempre contemplando la luz de la ventana, imaginándosela allí. Los días de verano habían pasado, llegaba el otoño; sentía el frío de las horas, bajo aquella ventana; el peso del tiempo. Los primeros copos de nieve comenzaron a caer, el frío en su alma se hizo mas intenso, perdió la noción del tiempo. Era el invierno y el seguía con la vista fija en la ventana.

Ella solo hacia seis meses que se había incorporado a las actividades de los adultos. La vio; tan indecisa, tan frágil, con aquellos grandes ojos asustados. Todos la buscaban ansiosos. El no tenia prisa, sabia que ella estaba destinada para el; solo era cuestión de tiempo. Y entonces, ya nadie podría quitársela.

Pero ahora presentía que había llegado el momento. Llamo por el teléfono a su amigo Omar, para saber si iría y ambos acordaron salir juntos.

Cuando entraron al salón todas las miradas se volvieron hacia ellos. Se sintió importante, a su lado Omar serio como de costumbre, concentrado en si mismo; parecía estar fuera del alcance de todas las miradas. No así el, que la buscaba ansiosamente, tratando de verla. Al fin la encontró. Ambos avanzaron hacia ella, Omar se detuvo y el siguió solo con paso indeciso; Ella sonrió feliz, el también le sonrió, su corazón saltaba y saltaba como un niño feliz. Ella se lanzo a su encuentro, pero ya cerca de el, lanzo un zigzag y se abalanzó sobre Omar. Al cual por primera vez se le vio abandonar su rostro impasible y lanzar una mirada desesperada a su amigo Nil, Este enterró su mirada en el pulido piso y sin levantar la vista se alejo hacia el centro del salón; detrás quedaba Omar con ella.

El baile comenza¬ba. Vio una chica sola, poco agraciada, pero ¿y eso que importa¬ba? ya nada tenia importancia para el. Ambos comenzaron a bailar. El bailo como nunca daba saltos, giros violentos, estaba poseído por un afán de diversión, se movía de un lado para otro, a veces emitía chillidos desgarradores, daba vueltas y mas vueltas; bailaba solo, completamente solo, alguno comenzaron a hacerle una rueda.

Mira al bobo, ji, ji.

Debe estar drogado.

Bailaba y bailaba de forma convulsa, fuera de música, fuera del mundo; solo, completamente solo; rodeado de risas. Realizo unas piruetas, un giro en redondo y cayó al suelo.

Vamos, continua bailando gritaban unas voces.

Levantarte, levantarte decían otras.

Alzo la vista y la vio a ella. Como reía, como reía.

Lanzo un alarido de dolor. Se incorporo bruscamente. Y comenzó a bailar, a bailar; haciendo gestos y muecas, imitando grotescamente a los bailarines. Danzando como un loco al compás de su decepción.

Ahora estaba en su casa, acostado, tenia algunos golpes producto de las caídas, pero no era esa la causa de su dolor; afuera una luna blanca iluminaba la noche; lejos distantes como las estrellas.

“Todo era tan distante… Mi estrella es un hueco negro, mi estrella no tiene luz… Es un mundo muerto… ¡Muerto!… Margis. ¿Por que Margis? ¿Por que?…”