Capitulo I: La ciudad de noche (cont.)

La música se detuvo, las luces se hicieron más claras y un enorme espacio se fue abriendo, del centro del salmo comenzó a levantarse una plataforma redonda: allí estaban Pelly y Dany bailando tomados de la mano.

“Pelly… Es ella Pelly”

La vio elevarse ante sus ojos, iluminada por todas las luces: “¡que hermosa!”, y dejo escapar un suspiro.

Los que estaban cerca al notarlo rieron.

¡Que bella es! dijo con voz de susurro.

Todos volvieron a reír.

Miren al bobo dijo uno.

Así que te gusta Pelly dijo otro.

Picas demasiado alto agrego otro del grupo.

El se alejo del grupo. Se movía como una sombra por el salón tratando de pasar inadvertido, como un fantasma contemplativo; escudriñando, buscando… Esperando hallarla. Buscaba entre aquellos rostros pintados, de largas pestañas postizas, con sonrisas estereotipadas. Seguía buscándola, tenía que estar en alguna parte, el la presentía, como tantas y tantas veces, la presentía: ella tenía que estar en alguna parte… esperándole.

Pelly tenía puesto un largo vestido rojo, abierto a un lado. La cabeza cubierta de plumas rojas, las cuales brillaban al contacto de las luces. Todo en ella brillaba, eran destellos rojos, como sus cabellos encendidos por las luces, luces rojas; su color preferido. Solo el azul de sus ojos se rebelaba ante aquella uniformidad. Ella danzaba moviendo su escultural cuerpo, a veces una pierna atrevida se liberaba del traje, a través de la abertura y se mostraba al publico: exhibiendo sus muslos rosados, sus bien formadas pantorrillas y sus hermosas piernas; y sus senos parecían querer escaparse del lleve escote que los ocultaba.

Amanecía todos comenzaban a agruparse por parejas. Una mujer recorría nerviosamente con su mirada el salón. Algunas parejas comenzaban ya a retirarse. Sintió miedo: otra noche mas sola, tembló de solo pensarlo, echo a andar por el enorme salón: ¡nada! Pronto el local quedaría vació. ¡Sola! Sintió grandes deseos de gritar. Al fin encontró a alguien también solo. El estaba allí parado en medio del salón, mirando hacia todas partes.

“Oh, ese guanajo”. Pero ella no tenia mas remedio, lanzo una ultima mirada hacia su alrededor. Nadie más. Se le acerco resignada.
La vio acercarse era alta, mas alta que el; delgada, rubia, la piel blanca, demasiado blanca. No era su tipo. Ella lo miraba fijamente mientras avanzaba a su encuentro. Ya nada podía hacer.

Hola.

Hola respondió el.

Y se marcharon juntos.

¿Vamos a mi casa? pregunto ella.

Si… si.

Ella arranco el carro y salieron juntos. El por todo el camino no dijo una palabra. Al fin cuando ya estaba llegado.

A mi me gusta mas viajar por la superficie dijo el.

Eso es horrible, que mal gusto tu tienes, yo jamás salgo al exterior.

A mi me gusta ver la lluvia…

Estas loco, a no ser que seas un hamubis.

El palideció.

¿Yo?… No…

Lo se, tu no tienes tipo de hamubis.

¿Tu conoces a algún hamubis? pregunto el.

No pero no me pierdo ninguna de sus ejecuciones. Todos son tan apuestos, tan orgullosos. Lo que mas me maravilla es eso, ¡su orgullo!

Eso no es orgullo.

No, ¿y entonces que cosa es?

Bueno es… no… No se.

Tú no sabes nada de nada. Ya llegamos.

Ya dentro de la casa.

Bueno, ¿ahora que hacemos?

¿Yo?… Di tu.

No tienes imaginación. Esta bien decidiré yo. Tomaremos, tomaremos hasta emborracharnos. Veremos quien se emborracha primero conecto la grabadora.

Llevaban más de dos horas bebiendo.

Brindo por ti, por tus ojos.

¿Mis ojos? pregunto ella.

Si, porque siempre brillen como esta noche, por haberte encontrado. Porque nada ni nadie nos separe…

Ji, ji…

¿Te ríes? ¿Te ríes de mí?

Ya me lo habían dicho, que cuando te jalabas, comenzabas a hablar sandeces.

¿Como?

Si, ji,ji… Todos se burlan de ti.

Estas borracha.

Todo el mundo te conoce por el bobo. Por que no haces mas que hablar tonterías; que si los ojos, que si el alma, que si eres la única. Siempre dices lo mismo. Ji, ji…

No es lo mismo, son… sentimientos… estados de ánimo… Es que yo…

Tú, ¿que?

Nada, nada.

Ven vamos a la cama.

¿A la cama?

Si a ver como lo haces, tienes fama de ser algo torpe.

No, no me siento bien.

No más eso me faltaba, tantos hombres y venir a tocarme este imbecil. ¡Vamos!

El la siguió resignado.

No puedo.

No sirves para nada. Te voy a hacer una propaganda que nadie va a salir contigo.

Es que no me siento bien y tu… tu no me inspiras confianza. Necesito creer en ti…

Tú eres un inadaptado. Eres un fracaso, un incapaz…

Bueno… me voy.

¡No! Eso no… ¡Irte y dejarme sola! Eso si que no. Te acuestas a mi lado y duermes conmigo o te destruyo, soy capaz de acusarte de hamubis.

Esta bien. Me quedare.

Se acostaron juntos. Se hizo un largo silencio. Afuera en alguna parte del cielo debía estar la luna; una luna solitaria, olvidada. Mientras las ilusiones danzaban como sombras, sombras con figura de mujer. El estaba solo, con ella; ella dormía a su lado, era un ser extraño alguien a quien no conocía, alguien que ni le comprendía. Nadie sabía quien era el: Nil, el poeta de las sombras.

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Acerca de Alejandro Madruga

Licenciado en Cibernética Matematica. Trabajo el tema de la Inteligencia Artificial desde 1986. He publicado articulos y ensayos sobre la Cibernetica y las tendencias tecnologicas. También he publicados narraciones de ciencia ficción
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