Capitulo II: Los sacrificados

Amanecía, las bailarinas heridas por la luz se consumían. El se vestía lentamente, ella aun dormía. Se marcho sin despedirse.

Salió afuera, todo estaba desierto. Caminó durante casi una hora; Nadie, la ciudad estaba desolada, sólo el avanzaba por aquellas calles vacías; al fin lo vio: allí estaba su amigo Omar.

Sabia que estaría aquí dijo el.

Omar volvió su rostro lentamente y sus ojos negros se detuvieron sobre los ojos de su de su amigo.

Omar, al igual que sus ojos tenía el pelo negro y lacio, su piel era tostada.
¿Te sucede algo Nil?

Estoy cansado, cansado de todo, ya para mi nada tiene sentido.

¿Y tus poemas?

No sirven. No logro expresar lo que siento… No puedo expresarlo. Además, a quien les puede interesar. Nadie, nadie los leerá nunca…

Si Nil, si los leerán. Algún día, algún día serás un gran escritor, y todos te leerán.

Ojala tuviera tu confianza.

No te subestimes Nil, tu también la tienes, solo que no crees en ti y eso es lo que te debilita.

Para Omar todo era fácil, era un hombre imperturbable, sabia lo que quería y a donde iba. Poseía un carácter firme. Pero no todos los hombres son iguales hay quienes viven acosados por la angustia, en conflicto constante consigo mismo.

¿Por que no fuiste a la fiesta?

Tenia otras cosas que hacer. Se rumora que detuvieron a un hamubis.

¿Detuvieron un hamubis?

Si deben estar interrogándolo ahora. Debo irme. Hasta pronto Nil.

Hasta pronto.

Vio como Omar se alejaba, con su paso majestuoso sin gastar apenas movimiento.

Omar tenia una energía sobrehumana, había algo en el que lo hacia diferente a sus ojos; Omar actuaba en este mundo con seguridad, convencido de su papel; pero antes de salir a la calle dejaba su alma limpia colgada de un perchero.

En el momento que iba a llamar a la estación solicitando su auto, se escucho por los altavoces.

HOY A LAS ONCE HABLARA EL REPRESENTANTE DE LOS SACRIFICADOS. REPETIMOS A LAS ONCE HABLARA EL REPRESENTANTE DE LOS SACRIFICADOS.

Todos sabían lo que eso significaba: habían capturado un hamubis y pronto seria ejecutado.

La red estaba lista para trasmitir las palabras del representante.

Estimado pueblo, hoy es un día triste para nosotros los sacrificados, ellos los traidores hamubis, siguen violando nuestro territorio, interfiriendo en nuestros asuntos, queriendo robarnos nuestra libertad. Ellos no saben o no quieren ser libres. Ellos no han sabido librarse de sus errores pasados, siguen llenos de tabúes y dudas ancestrales. Ustedes escogieron ser libres, vivir libremente, liberados de toda angustia, de toda preocupación, de todo aquello que pueda entorpecer la plena realización de sus deseos. A nosotros a los sacrificados, nos ha tocado velar porque esta sociedad se mantenga siempre libre. Ahora bien, los hamubis no quieren libertad: ¿que quieren ellos?
¡Volver a atarlos otra vez! ¡Cargarlos de obligaciones! ¡Decirles lo que deben y no deben hacer! Quieren regresarlos a ese mundo hipócrita, basado en dogmas morales, para mantenerlos aterrorizados, temiendo el que dirán; sintiéndose expiados por viejas chismosas, escuchando las murmuraciones a cada esquina. Sufriendo las amenazas de los temerosos, de los dogmáticos, de las almas esclavas. ¿Eso es lo que ustedes desean?…

El hombre tomo el papel que le entregaron.

Aquí esta la respuesta, el noventa por ciento a través de la revisión, respondió que no. Desde que John Free lanzo sus postulados sobre la verdadera libertad, nosotros los sacrificados nos hemos ocupados de mantener esos preceptos y hemos creado nuestra ciudad. Pero estamos en el deber de recordar que mientras John Free se convertía en el padre de la libertad un tal Albert Hamub se convirtió en el líder de la esclavitud del hombre. Se opuso a John Free y fue desterrado a los espacios abiertos con sus seguidores. Ellos debían aceptar esa derrota, pero no, ellos siguen penetrando nuestra cultura, inmiscuyéndose en nuestros asuntos, queriendo convertirnos a sus dogmas. Nosotros solo queremos ser libres, vivir libremente; pero ellos no nos dejan en paz.
En el día de ayer detuvimos a un hamubis y el consejo de sacrificados lo encontró culpable. Mañana será crucificado en la plaza. Ellos prefieren sufrir, en lugar de vivir, pues entonces que sufran, que mueran.
Muchas gracias.

Y AHORA LA CADENA DE REDVISION CONTINUAN CON SU TRANSMISION HABITUAL.

Apago el televisor:”la libertad, no se porque no soy feliz. ¿Que me falta? ¿Quienes son los hamubis? ¿Quienes son?…

El hombre permanecía sentado, tranquilo, ajeno a todo lo que le rodeaba. Kas Troll el representante de los sacrificados se paro frente a el.

No ha hablado aun.

No, ni siquiera conocemos su metal de voz.

Vamos muchacho, es mejor que hables. Mira si hablas te perdonamos, te sometemos a tratamiento y te liberamos de todos esos temores. Ellos te tienen intimidado. ¿No te das cuenta? Tú tienes derecho a ser libre. Tu mente esta confundida. Eso no son mas que ideales, ideales que te enferman, que te comprometen; que te atan a fantasmas inexistentes. La realidad es esta, este mundo es tangible, es verdadero; lo otro son falsas ilusiones, falsas esperanzas, y eso te hace débil y permite que ellos te manipulen. Vamos dime: ¿quien es tu jefe?

¡El jefe soy yo! Pierde su tiempo.

¡Un cabecilla!, es un cabecilla. Debí imaginármelo. Es cierto contigo es perder el tiempo.

Le lanzo una última mirada. El hombre le devolvió la mirada.

Si, míralo. Mira que arrogante. Vamos déjenlo solo.

Estos no hablan dijo Kas Troll mientras salía.

¿Y cuales son los que hablan? le pregunto el viejo Morgan.

Ya lo sabrás, alguien hablara.

El viejo bajo la vista y luego en voz baja dijo.

En todos los años que llevo, y que ya son unos cuantos, ninguno ha hablado; hagas lo que hagas. Aunque los tortures despiadadamente, nunca hablan.

Tiene que haber alguna manera de hacerlos hablar. No pueden ser tan tercos. ¿Ellos no se dan cuenta que están equivocados? ¿Que mueren por una causa absurda?

El viejo Morgan callo, sus cabellos eran totalmente blancos, sus ojos azules muy claros, casi transparentes. Por su parte Kas Troll de fuerte complexión, de cabellos castaños claros y de ojos pardos, los cuales se movían inquieto debajo de aquellas espesas cejas oscuras.

Morgan y tu hijo ¿donde esta?

Debe estar en la biblioteca.

Ese no hace otra cosa que consultar libros. ¿Que pretende hallar?

El viejo guardo silencio.

Tiene que haber alguna forma de hacerlos hablar. Se ha intentado hasta hipnotizarlos y nada. Son unos fanáticos. Eso es lo que son unos fanáticos.

Todos se encontraban alrededor del promontorio (en la plaza), ya la cruz estaba erguida sobre la planicie, se veía imponente; el cielo estaba despejado, las nubes habían sido barridas por el viento que soplaba furiosamente levantando el polvo. Era un día caluroso. Allí se congregaba la multitud espe¬rando ver el ajusticiamiento del hamubis. Al fin lo vieron apare¬cer escoltado por cuatro agentes. El hombre iba erguido, tranqui¬lo. Lo subieron a la cruz y lo clavaron: “Era un cabecilla”. Solo los cabecillas son clavados en la cruz y luego se les da muerte, a los otros se les amarra y se les deja varios días para ver si hablan. La muerte consiste en enterrarle una lanza entre las costillas y dejarlo que se desangre lentamente.

Lo miraba fijamente, era la primera vez que asistía a una ejecución, el era demasiado impresionable. Aun no sabia que hacia allí. Pensó irse y fijo su mirada en el; se estremeció, una extraña sensación lo invadió, sintió como si fuera a el, el que estaba allí crucificado, por un momento le pareció ver en ese hombre su propio rostro. El hombre le miraba con aquellos ojos tristes y lo miraba a el, precisamente a el. Se sentía atraído por aquel rostro, había algo en común, un hilo imperceptible que lo unía a aquel hombre, que lo hacia sentir las heridas como propias. No pudo mas y se alejo apresuradamente del lugar, se sentía descubierto, comprometido, según se alejaba, seguía viendo aquel rostro, presentía que quería decirle algo: a el, ¿por que a el? ¿Por que esa mirada? “Por que me eligió a mi”.

Mientras se alejaba se escuchaba el doblar de las campanas, cada vez mas fuerte. Tocando por un hamubis.

Esa noche no fue a la fiesta, tenia miedo; tampoco esa noche pudo dormir. Se veía crucificado; sentía como el viento le despeinaba el cabello, sentía el dolor de los clavos penetrándole en las manos, y se veía axial mismo entre el publico, contemplando su propia ejecución.

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Acerca de Alejandro Madruga

Licenciado en Cibernética Matematica. Trabajo el tema de la Inteligencia Artificial desde 1986. He publicado articulos y ensayos sobre la Cibernetica y las tendencias tecnologicas. También he publicados narraciones de ciencia ficción
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