Capitulo VI: Los hamubis

“Los días pasan iguales”…

Estrujo el papel y lo arrojo al cesto. No tenía deseos de escribir. No tenía deseos de nada. Afuera amanecía. Salio a la calle. A lo lejos se escuchaba el repiquetear de las campanas. “El hamubis”. Corrió hasta el promontorio: la cruz estaba vacía. Ya ellos se lo habían llevado, y ahora tocaban las campanas por el. ¿Hacia donde se lo había llevado? ¿Que hacían con el? Solo el repiquetear de las campanas como respuesta. Solo esas campanas. Pero en la ciudad no había campanas. ¿De donde salía el sonido? Los hamubis estaban en todas partes. Cualquiera podía ser un hamubis. Cualquiera podía ser crucificado…

El cielo comenzó a nublarse. El viento batía con furia arremetiendo contra el. La cruz se mecía suavemente. Sintió como lo empujaba, por la espalda, hacia aquella cruz. Vio como el cielo se encapotaba. El miedo se apodero de el. Volvió el rostro y vio a Omar.

¿Por que te atraen tanto los hamubis? pregunto Omar.

No lo se pero es una fuerza extraña. Necesito saber quienes…

No escuchaste las palabras del representante de los sacrificados.

Si, pero esa es su versión. Quisiera conocer a un hamubis.

Yo conozco a un hamubis.

¿Tu conoces uno? Háblame de el. ¿Que hacen?

Ellos luchan por salvar los ideales de la humanidad: el amor, el deber, la amistad, las ilusiones…

Omar callo y observo el efecto que sus palabras ejercían sobre su amigo.

No entiendo.

Bueno, sencillamente tratan de conservar y cultivar los ideales. No sabes que los sacrificados dirigidos por John Free, hace muchos años, quemaron todos los libros y dejaron sólo uno o dos ejemplares de cada tema, los cuales se encuentran encerrado en la biblioteca, a la que solo tienen acceso: el bibliotecario, el historiador y el representante de los sacrificados. Nadie puede ver esos libros. ¿Sabes por que? Porque tratan sobre el amor, sobre la esperanza… Porque todos esos temas están vedados en esta sociedad. Aquí solo se fomenta el placer…

¡Omar! ¡Tú eres un hamubis!

Es posible. ¿Que tu crees?

No… No se…

Tienes miedo ¿verdad? Tú no eres igual que los demás, pero aun no estas listo.

Omar le puso la mano sobre el hombro.

Otro día te contare quien fue Albert Hammub. Ahora debo irme.

Lo vio alejarse. El viento había dejado de soplar, el cielo comenzaba a despejarse, dejando un espacio por el cual penetraba un abanico de luz, que incidía directamente sobre la cruz: ¡iluminándola!

Se alejo lentamente del lugar. Estaba confundido. Aun escuchaba las palabras de Omar, confundiéndose con el sonido monótono de las campanas: “aun no estas listo aun no estas listo aun no estas listo…”.

Ya no tenía dudas, su amigo Omar era un hamubis. ¿Como era posible que fuera un hamubis? ¡Un hamubis! Había oído hablar del código de los Hamubis. De que vivían el bosque cerca de los ríos o en las costas cerca del mar. Conocía lejanas historias contadas por un viejo, que un día desapareció y no lo vio nunca más.

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Acerca de Alejandro Madruga

Licenciado en Cibernética Matematica. Trabajo el tema de la Inteligencia Artificial desde 1986. He publicado articulos y ensayos sobre la Cibernetica y las tendencias tecnologicas. También he publicados narraciones de ciencia ficción
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