Capitulo IX: el centenario

Hoy se conmemoraba el centenario de la muerte de John Free. Kas Troll tenia preparado su discurso; miro el reloj, faltaban diez minutos, recogió unos papeles y salio; era un hombre grueso, de ojos saltones y cabello canoso.

La red estaba conectada al palacio de los sacrificados. Observo a las cámaras, todo estaba listo, se acerco al micrófono.

– Hoy no es un día como otro cualquiera. Hoy es una fecha especial para nuestro país. Un día como hoy, pero hace cien años murió el hombre que nos enseño el camino de la libertad. Que nos enseño a pensar como hombres libres. Su nombre: ¡John Free! Siempre he sido muy breve en mis conversaciones con ustedes, pero hoy; hoy es necesario extenderse, no poco se puede decir de un hombre como el. Habría que preguntarse: ¿Que éramos antes? ¿Que nos llevo a esa guerra fraticida, donde el mundo estuvo a punto de extinguirse? ¿Que es la felicidad? Todas esas preguntas se las hizo Free. ¿Que éramos antes? Hombres angustiados, cargados de resentimientos, sufriendo constantes decepciones; seres mezqui¬nos, envidiosos. Eso es lo que éramos. ¿Por que? ¿Porque nos educaban bajo la filosofía del miedo. El miedo al que dirán, el miedo a fracasar, el miedo al miedo. Teníamos que liberarnos de todos los tabú, de la falsa moral. El nos enseño. Nos dijo: busca el placer, siéntelo; Disfruta el presente, vive cada momento. Pero vívelo de verdad, sin falsas ilusiones, sin sentimentalismos románticos. Vive solo tu vida, sin chismes, sin hipocresía. Después de la gran guerra, se necesitaba un hombre como el para devolvernos la fe en nosotros mismos. El nos dijo que la guerra era producto de nuestra inmadurez para ver la vida tal como es: sin idealismo. Que detrás de cada guerra siempre había un fanáticas que a nombre de un ideal supremo, ya sea religioso, político, económico, romántico, era capaz de sacrificar a su pueblo en harás de su beneficio personal, y que los déspotas cambian de ideología como de camisa. ¿Y que nos quedaba al final? La sangre de un pueblo ingenuo, que se dejo arrastrar por la ambición o el odio de algún falso Mesías que prometía el cielo, o un arrogante líder que prometía una sociedad justa, o un político fracasado que solo veía en la violencia la forma de gobernar. Durante años nos han engañado con los grandes ideales de la humanidad. Pala¬bras tales como: justicia, igualdad, fraternidad, progreso, felicidad, amor. Pero que son en realidad, palabras, solo pala¬bras que se utilizan para engañar a incautos, que siguen detrás del canto de las sirenas. Era necesario abrir los ojos. Eliminar de una vez y por todas: ¡la ilusión!, ¡la esperanza! No más promesas. Basta de hablar de dignidad, de principios, de moral. ¡Basta de predicadores! ¡De mentirosos predicadores! ¡Basta de amenazas! De ataduras. Hemos sido esclavos de muchos prejuicios, utilizados constantemente. Nos hicieron dependientes. Nos convir¬tieron en seres soñadores, idealistas, místicos y sobre todo temerosos. Temerosos de no cumplir con nuestras obligaciones, obligaciones y mas obligaciones. Éramos esclavos de las obliga¬ciones. Pero esta es otra época, esta es una época verdaderamente científica, verdaderamente autentica. Donde cada cual es libre de hacer lo que le plazca. ¡Sin obligaciones! ¡Nadie tiene obliga¬ciones con nada, ni con nadie! Precisamente porque estamos en una era científica, en una era realista. Hoy todas las tareas la hacen los robots. Ellos son los que trabajan, los que se ocupan de todas las tareas hogareñas, de la limpieza, de la vigilancia. Por supuesto que hay tareas que los robots no pueden hacer, pero para eso estamos nosotros, los sacrificados. Para velar por el buen funcionamiento de la sociedad.

Se hecho hacia atrás para coger impulso y continuo.

John Free, nos lego mucho, nos hizo pensar, nos hizo cuestionarnos, muchas falsas verdades. Una de ellas era la conciencia. Como nos hicieron sufrir con la palabra conciencia. Con distinciones entre lo bueno y lo malo. Con el arrepentimiento masoquista. La conciencia era una forma de introducirnos el miedo dentro, de tullirnos, de convertirnos en seres enfermizos, atormentados, indecisos. Y por cuantas quimeras fuimos condenados al fracaso: ¡el amor! Alimentado por poetas cursis, por individuos fracasados que veían el amor una fuerza redentora, capaz de sacarlos de su profunda crisis. ¡Ilusos! La decepción era siempre peor, y así cada vez mas decepcionado hasta llegar al suicidio. Había que dar un rotundo ¡no! ¡No a las ilusiones! ¡No a la fantasía! ¡No a los ideales! ¡No a las creencias! Había que tener el inmenso valor de romper con ese mundo engañoso, con ese mundo de promesas, ¡con ese mundo ideal! ¡Totalmente irreal! Pero tuvo que surgir una guerra desastrosa para darnos cuentas que Free tenia razón. Y gracias a sus ideas hemos creado un mundo real. Un mundo tranquilo, pacifico. Que si no es todo lo tranquilo que debía ser es porque existen los hamubis. Que luchan contra nosotros, que nos envían cartas cuestionando nues¬tras decisiones, que hacen labor de proselitismo entre ustedes. Son ellos los verdaderos enemigos de nuestra sociedad. Ellos quieren regresarnos al pasado. Volver a esclavizarnos como antes, a exigirnos, a hablarnos en nombre de sus ideales; a embotarnos la mente con sus melodramas, a sentir mas la vida de los persona¬jes de una novela, que a realizar nuestro propio papel en la vida. Nosotros no necesitamos el llanto del fracasado, ni quere¬mos una sociedad angustiada. Todo eso pertenece al pasado, a la era de la ignorancia, de la duda. Hoy somos libres. Podemos gritar que somos libres. Que tenemos los ojos abierto a la vida, que buscamos el placer, sin miedo. Que vivimos plenamente nues¬tras vidas. Hoy como nunca te damos las gracias John Free por este legado. ¡La libertad!

Muchas gracias y que disfruten.

Desconecto su video terminal de la red y cambio de canal: “Otra comedia”. Se dijo resignado. Volvió a cambiar de canal. Unos comerciales anunciando productos. En el siguiente una película de aventura, que ya había visto. Así siguió pasando de canal en canal: musicales, anuncios, comedia, anuncios, musicales… Apago el televisor. Tomo una llave y abrió unas de las gaveta del estante. Allí ocultaba los libros que les regalaba su amigo Omar. Tomb uno: “cronicas marcianas”.

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Acerca de Alejandro Madruga

Licenciado en Cibernética Matematica. Trabajo el tema de la Inteligencia Artificial desde 1986. He publicado articulos y ensayos sobre la Cibernetica y las tendencias tecnologicas. También he publicados narraciones de ciencia ficción
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