Captulo XV: El código de los hamubis

Las ciudades en ruinas tienen un extraño encanto, caminar entre los escombros, observar como las plantas echan raíces en las paredes y como brotan flores entre las piedras. Contemplar las paredes sin techos, las columnas solitarias. Sentir aquel abandono total, era como revivir la nostalgia de lo que un día fue. Aquel lugar estaba tan a tono con su espíritu contemplativo. Allí debía esperar a su amigo Omar. No tuvo que esperar mucho, lo vio subiendo la escalinata y no espero que llegara hasta el, tenia algo muy importante que decirle.

Omar, quiero ser hamubis.

¿Crees estar listo?

Si estoy decidido, quiero ser hamubis.

Esta bien mañana te llevare. Yo pasare a buscarte.

Se separaron, camino sin rumbo por entre los escombros; luego se dirigió hacia el parque. A lo lejos diviso las figuras de Liher y Herli sentados en un banco. Pensó, entonces, escribir una novela sobre ellos. Pero… ¿Cual seria el final? Se asusto de la idea que le paso por la mente. Se acerco un poco mas, quería ver sus rostros, sentir su felicidad. Sus pupilas se llenaron de nostalgia, lentamente sin ser visto se fue alejando en silencio, atrás quedaban ellos abrazados a su felicidad. Y pensó escribir un poema, un poema sobre el amor; un poema lleno de ternura: “nadie responde a mi voz, nadie… Silencio, solo silencio… El mundo es ajeno a mi dolor…” Y pensó que lo mejor era escribir un poema sobre la soledad. Y se marcho tratando de coordinar las ideas, de darle forma, de sujetarlas. Cuando llego a la casa, un sentimiento de inmensa soledad lo envolvió, anulándolo y las ideas se liberaron desgarrándole el alma; callo inerte sobre la cama, sin fuerzas, sangrando lagrimas hasta dormir.

Era de día y ambos habían partido en el autovion: sobrevolaban sobre bosques y ríos, luego descendieron en un claro. Allí había un grupo de hombres, todos viejos; uno de los ancianos se le acerco y le tendió la mano, el anciano lo llevo hasta el centro de una pequeña plazoleta. Sintió como el corazón le latía apresuradamente, miro a su alrededor, eran exactamente siete ancianos. Jamás había visto tantos viejos juntos. En la ciudad los viejos eran enviados al asilo, solo entre los sacrificados se podía encontrar alguna persona mayor. Y ahora frente a el tenia nada menos que siete ancianos; observo sus caras arrugadas, sus movimientos pausados, sus cabellos blancos y se pregunto que edad tendrían. El anciano que lo había recibido se dirigió hacia Omar.

Rabindranat, el es tu sexto compañero, con el se cierra el ciclo. Nadie mas puede integrar tu grupo.

Después se volvió hacia el.

Albert Hamub fue desterrado de la ciudad por oponerse a las ideas de John Free: fue apedreado por todos, fue escupido y tildado de loco. Pero poco a poco fueron surgiendo seguidores de sus ideales. Y creo su propia ciudad. Una ciudad de trabajadores, allí se conservan todas obras mas importantes de la humanidad; desde esculturas, pinturas, novelas, poemas, y todo cuanto ha producido el genio creador de la humanidad. Allí conservamos la historia de la humanidad.

Y diciendo esto se volvió hacia el grupo de ancianos.

Léanle nuestro código.

Uno de los ancianos se adelanto con un papel en las manos.

Primero: la cultura es un proceso histórico, el cual no puede ser violado, ni alterado. Todo legado anterior hay que asimilarlo y enriquecerlo.

Segundo: Nadie puede cambiar las tradiciones, ni detener la evolución de la sociedad. Cualquier intente de este tipo lo único que hace es fomentar la violencia y la destrucción.

Tercero: La conciencia social encierra los ideales de toda la humanidad, las esperanzas de cada época; cada hombre se nutre de esa conciencia e interactúa con ella, y son precisamente esos ideales los que guían a la humanidad, y no la búsqueda exclusiva del placer.

Cuarto: El ser humano tiene un pasado, y tiene deberes y obligaciones que cumplir: esta inexorablemente comprometido con su época. Nadie puede solo vivir en el presente sin importarle el pasado ni el futuro.

Quinto: Para preservar el legado de la humanidad, para recordar el pasado, para luchar por el mejoramiento humano, para elevar nuestra conciencia social y nuestra vida espiritual. Se creo la sociedad de los hamubis.

El anciano se retiro y tomo nuevamente la palabra el anciano el principal, el de las largas barbas blancas.

Yo Leonardo, el más viejo de los ancianos, te nombro miembro de nuestra sociedad de hamubis. Y a partir de hoy te nombraras Hanlet.

Todos se le acercaron para darle la mano.

Ahora sentía que no estaba solo en el mundo, que formaba parte de algo, su vida a partir de ahora tendría un sentido; algo por que luchar.

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Acerca de Alejandro Madruga

Licenciado en Cibernética Matematica. Trabajo el tema de la Inteligencia Artificial desde 1986. He publicado articulos y ensayos sobre la Cibernetica y las tendencias tecnologicas. También he publicados narraciones de ciencia ficción
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