Capitulo XIX: La niña fea

Caminaba por las calles vacías, sentía como el frío le helaba los huesos. Se llevo las manos temblorosas a la boca y las unió formando un recipiente, luego soplo, dejando atrapado su aliento tibio entre sus manos; al final terminó frotándolas entre si tratando de desentumecer sus dedos. En días así nadie caminaba por la superficie, nadie… Solo el, recorría aquellas calles sin sol, exceptuando a los niños. La ciudad infantil continuaba su ritmo, allí la vida seguía latiendo; solo allí los niños corrían, se lanzaban por la canal, se mecían en los botes, montaban los carritos, montaban los botes. Para ellos solo importaba el juego, el invierno no les preocupaba. En cambio el sentía como el aire frío le golpeaba el rostro, bajo la cabeza y apresuro el paso; vio una niña rubia, larguirucha, de rostro pecoso; acercarse a un grupo de niños.

-A que están jugando pregunto la niña rubia de rostro pecoso.

-A nada respondió una de las niñas.

-A ti no te importa respondió otra.

-Quiero jugar con ustedes. -Pidió la niña rubia.

-Tú no puedes jugar con nosotras.

-¿Por que no puedo jugar?

-Porque eres fea.

-Vete de aqui -grito-. Atrás niña.

-Tan grande y tan fea -dijo otra con desprecio.

La niña se alejo cabizbaja, paso junto a un grupo de niños.

-Adiós fea.

-A donde vas fea.

Ella siguió su camino sin mirar a nadie, alargo el paso cuanto le permitía sus largas y delgadas piernas. Atrás quedaron los chicos. Se acerco a la estrella, vio como los niños subían cogidos de la mano, los veía subir entre carcajadas; se fue acercando, con las manitos unidas a la espalda, dando pasos vacilantes; los niños subían de tres en tres, vio dos niñas subir al carro y quedarse esperando, ella avanzo sonriente hacia las niñas, estas al verla le cerraron la puerta, la cual estuvo casi a punto de golpearla. Se detuvo ante ella un nuevo carro, miro hacia atrás, pero nadie se movía; como siempre nadie quería subir con ella, después venían los gritos: de que subiera de una vez o se fuera, ella siempre optaba por irse; pero esta vez estaba decidida: subió sola al carro y cerró la puerta. Miro al resto de los niños con aire de triunfo. Comenzó a subir y subir, miro hacia abajo, y sintió miedo; miro a los demás carros y vio a los niños abrazados, y sintió frío; luego comenzó a bajar, se aferro al tuvo. Ella sola en su carro daba vueltas y vueltas, titiritando de frío, con los dedos crispados sobre el frío tubo. Tenía mucho miedo, y estaba muy sola subiendo y bajando, sin parar. El frío congelaba el rostro, las lagrimas se le helaban en sus ojos azules y su rostro se tornaba morado, solo deseaba que aquella cosa se detuviera. Ella agacho, tratando de ocultarse del aire. Por fin la estrella se detuvo.

Un grupo de niños, parados en dos filas, la estaban esperando. Al bajar las escaleras comenzaron a gritarle.

-La fea monto la estrella, la fea monto la estrella…

Ella paso corriendo entre las dos filas, no falto quien le puso un traspié, por suerte ella lo suficientemente ágil como para saltar y burlar la zancadilla. Pero de las ofensas si no pudo evadirse.

-Deberían cortarte la nariz que te sobra.

-Canillua.

-Ojos de sapo.

-Dos colores.

Ella se alejo de la ciudad infantil, iba temblando de frío y de rabia, pasando de vez en cuando la mano por el rostro para interceptar a alguna lagrima que descendía sobre sus pecosas mejillas.

A sus ojos observadores no escapo aquella escena, como único mudo testigo de lo que sucedía, ese era su destino; y pensó escribir un poema y dedicárselo a la niña fea.

………………………………………

El hombre tocio nuevamente, estaba enfermo. La enfermedad es a veces un sentimiento, una sensación de cansancio, de tiempo perdido. Volvió a toser, tenía la impresión que hacia más frío dentro de su alma que afuera. La vio llegar con los ojos enrojecidos.

-Lina ven aquí.

Ella corrió a sus brazos, el acaricio sus cabellos rubios.

-Se que sufres. No importa que nadie te acepte. Yo te quiero mucho.

-Yo también.

-Hija, se que me queda poco tiempo en este mundo. Pronto serás una mujer.

El la contemplo por unos segundos.

-Tienes los ojos iguales a los de tu madre.

-Pero, según tu, ella era muy bella.

-Y que tiene que ver eso, tu tienes sus mismos ojos azules.

-También tú tienes los ojos azules.

-Precisamente de eso quiero hablarte.

El padre guardo silencio por un instante, tratando de poner en orden las ideas.

-Mucho antes de tenerte a ti, nosotros concebimos un hijo. Como tu mama y yo éramos rubios y de ojos azules, esperábamos que el niño fuera igual. El padre de tu madre era profesor del centro de investigación; el trabajaba en la creación de robot nodrizas, el estuvo al tanto de la gestación artificial del niño; según la combinación de los genes el niño debía ser rubio y de ojos azules, pero no fue así. Alguien lo cambio, al principio supusimos que fue accidental. Tu abuelo comenzó a investigar, y le entregamos el niño a el, para que lo analizara, como era de esperar no era nuestro. Poco tiempo después tu abuelo murió de un ataque al corazón. Tu madre decía que lo asesinaron, porque estaba sobre la pista de algo; nuestro hijo nunca apareció. Con el tiempo nos resignamos. Tu madre quedo muy afectada, y yo la convencí para tener otro. Entonces naciste tú, pero ella no reacciono, desconfiaba de ti; se fue poniendo cada vez peor, comenzó a tener alucinaciones. La llevaron para el asilo y no me dejaron verla. Me decían que ella no quería ver a nadie. Al poco tiempo me informaron de su muerte… Yo no se que pensar. Primero el cambio de niño, después tu abuelo y luego ella. En este país suceden cosas extrañas. Ella siempre tuvo la esperanza que tu hermano estaba vivo. ¿Pero donde? Y lo mas extraño es que su expediente de gestación desapareció, así como tampoco figuraba en el registro de nacimiento. Poco antes de morir tu abuelo me llamo y me dijo algo que no entendí, estaba muy excitado, menciono el nombre de alguien que era su ayudante, y dijo algo así como: el me llevara a descubrir la verdad, estoy a un paso de saber que hicieron con mi nieto… Pero ahora no recuerdo el nombre que me dio. Logre averiguar algo, sobre sus ayudantes y supe que solo tenia tres ayudantes investigadores los cuales eran humano idees; y lo que complica mas aun el caso, es que su ayudante principal se descontrolo después de su muerte y fue destruido.

Se hizo un largo silencio.

-Detrás de tu hermano se encierra un gran misterio. Por algún motivo lo desaparecieron… Y ahora el próximo seré yo.

La niña palideció.

-Me enviaron una nota; pronto me llevaran al asilo de ancianos.

-No permitiré que te lleven. No lo permitiré.

El acaricio suavemente sus cabellos, luego la tomo por la barbilla y miro sus granes ojos azules.

-No se como pueden decir que eres fea.

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Acerca de Alejandro Madruga

Licenciado en Cibernética Matematica. Trabajo el tema de la Inteligencia Artificial desde 1986. He publicado articulos y ensayos sobre la Cibernetica y las tendencias tecnologicas. También he publicados narraciones de ciencia ficción
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