Capitulo XXII: El asilo

Se acercaba la primavera, el hombre maduro salio al patio; se veían las primeras flores en su pequeño jardín. El frió invierno había pasado; ahora el viento soplaba calido. Abrió las ventanas, lo que nadie acostumbra a hacer, todos prefieren la temperatura controlada de sus casas, pero el hacia años que había desbonetado todos los controles automáticos, desde entonces ha sufrido la temperatura del ambiente: no mas baños con agua caliente, ni temperatura artificial, ni robot solícitos; así se sentía mejor, respiro profundamente, aquel aire natural, sin filtros descotaminantes, sin aromas, ni perfumes.

Tocaron, lentamente se encamino a la puerta. Eran ellos, los hombres del asilo. Le pidió que lo dejaran despedirse de su hija. La despertó suavemente, ella lo comprendió enseguida, sabia que ese momento algún día llegaría; y sabia, además, que nada podía hacer; por eso acepto las cosas con resignación. Vio como lo introducían en la ambulancia, vio cerrarse las puertas, sintió el golpe al chocar una contra otra, lo vio desaparecer detrás del sonido, sintió como pasaban el cerrojo, como lo encerraban, como se alejaba, como se perdía. No pudo más y grito.

Papaaaaa…

Y callo desmayada.

Había jurado defender a su padre, lo había decidido, por eso cuando volvió en si; tomo una determinación: ¡ir al asilo!

Esa noche partió sola hacia el asilo, sabia que nadie la acompañaría. Estuvo caminando durante casi una hora. Sintió un hondo dolor en el pecho al ver el lugar, le parecía aquello tan siniestro: enormes cercas lo cubrían. Allí no podía estar su padre, se negaba a creerlo. Vio unos edificios oscuros sin ventanas, agrupados uno al lado del otro; pero había uno que sobresalía por sobre todos. Comenzó a bordear la cerca buscando alguna entrada; al fin encontró una entrada, la puerta estaba abierta; penetro, el silencio era espantoso, las pocas luces esparcidas como estaban, le daban un aspecto mas tenebroso aun. Si se guiaba por sus instintos hubiese echado a correr. Pero ella se contrataba, no podía abandonar a su padre; sabia que aquello era una locura; que ella supiera nadie jamás se había atrevido a visitar ese lugar, el almacén de los viejos, como algunos le llamaban. ¿Quien iba a ir ahí? Todos decían que los viejos ya habían disfrutado bastante, que ahora les tocaba descansar en paz, era tan natural que fueran para el asilo: era una carga que se quitaban de encima. Pero ella estaba dispuesta a cuidarlo, ella se ocuparía de el, no seria una carga para nadie. No había razón para llevárselo. Todos podrán estar de acuerdo con que sus padres vayan para el asilo, pero ella no. Y por eso, por eso estaba ahí, temblando de miedo, buscándolo.

Avanzo por entre los edificios, vio una luz que brotaba del interior de uno de los edificios. Según se acercaba distinguía mejor la entrada, las enormes puertas de cristal. Las abrió sigilosa, ante su vista se extendía un amplio local provisto de varias mesas con sus sillas, traspaso el lugar y se adentro en un pasillo y entro en otro local lleno de computadoras, retrocedió y cuando se volvió, sintió como la agarraban por los brazos y la alzaban como una pluma, pudo contemplar el rostro inexpresivo del hombre, sus ojos indiferentes; comprendió que era un robot: de nada valía gritar. Penetraron en el ascensor, luego avanzaron hasta una puerta y entraron. La coloco en el suelo.

– Una intrusa dijo el robot.

– Puedes retirarte, yo me encargo –le dijo al robot

Ella se volvió para ver con quien hablaba, tenia la esperanza de que no fuera un robot.

¿Tu…? ella trato de decir algo pero se contuvo.

El hombre se le acerco, observo detenidamente el rostro de la niña.

¿Quien eres? le pregunto

Ella no hacia más que mirarlo. Al fin como saliendo de su asombro.

Me llamo Lina. Y tú. ¿Como te llamas?

Noam.

Ella no podía dejar de mirar aquellos ojos azules, era un azul peculiar, familiar. También el contemplaba los ojos de la niña.

¿Tu…? ¿Tú eres mi hermano?

¿Tu hermano? No te entiendo.

Mi hermano desapareció antes de nacer, era mayor que yo, tendría tu edad… Tú y yo nos parecemos tanto… Es increíble.

Eso no puede ser, yo soy un humanoide.

La niña volvió a contemplar sus ojos, aquel intenso azul.

Mi hermano desapareció en situación muy confusa…

Yo no soy tu hermano, a mi crearon en los laboratorios. Estas equivocada. Ahora dime: ¿que estabas haciendo aquí?

Busco a mi padre.

¿Es algún profesor?

¿Profesor…? No, es… esta viejo y lo trajeron para el asilo.

¿Asilo? ¿Que es eso?

Es donde llevan a todos los viejos, yo averigüe y me dijeron que era aquí donde lo traían.

Es que aquí hay muchos edificios, todos tienen diferentes funciones. ¿Cuando fue que lo trajeron?

Hoy por la mañana, lo trajeron en una ambulancia…

Ah, las ambulancias. Ellas descargan en el edificio numero cuatro, es el mas grande de todos. Yo las veo entrar y salir, pero nunca he estado ahí.

Noam necesito que me ayudes, llévame a ese lugar.

A el no le gusto la idea, pero había algo en sus ojos, en su expresión suplicante, que lo desarmaba. Salieron juntos. Pronto estuvieron recorriendo las diferentes plantas; el frió era intenso, los locales parecían gigantescas cámaras de fríos, donde se podían ver, a través de los cristales, órganos: riñones, hígados, corazones, pulmones; conectados a diferentes computadoras, funcionando artificialmente. En otro de los compartimientos vieron varios cerebros conectados entre si; observaron una computadora que abarcaba casi todo el local constada a su vez a varias terminales de video, donde se podían observar imágenes. Noam se estremeció, jamás se imagino aquello, allí experimentaban con los humanos. Ella lo halo del brazo. Siguieron buscando, llegaron a una planta donde habían varios cadáveres. Ella los comenzó a destapar uno tras otro. Noam escucho un grito ahogado y la vio sollozar. Se acerco y contemplo al hombre: sus ojos azules, muy azules; como los de el, como los de ella.

Ella estaba abrazada al cadáver llorando, Noam le trajo un baso de agua; ahora estaba mas calmada.

Que relación existía entre el y el profesor Wiener.

Ella alzo la vista hacia Noam, luego volvió la vista hacia su padre; los mismos rasgos, los mismos ojos.

Era su padre… Mi abuelo.

Noam se acerco al cadáver, ella lo contemplaba esperanzada.

El profesor Winner murió repentinamente.

El estaba siguiendo la pista a su nieto, el que desapareció… Poco antes de morir dijo que estaba en la pista, hablo algo relacionado con un homoide…

Tom… Informaron que se había descontrolado, nunca mas se supo de el… Primero la muerte del profesor y después el descontrol de Tom. Yo hable con Tom poco antes de que se descon¬trolara estaba muy nervioso. Parecía querer decirme algo, pero no se atrevía… Anteriormente me había dicho algo que me sorprendió, me dijo: “tu y yo no somos lo que creemos… “Nadie creería lo que somos; porque somos eso nadie…,!nadie¡”. El sabía algo, tal vez el profesor Winner llego a averiguar algo, y estaba tra¬tando de confirmarlo.

Se acerco de nuevo al hombre. Recordó al profesor Winner hablar del edificio numero cuatro, recordó verlo poco antes de morir penetrar en el. También recordó haber escuchado una vez una conversación entre dos profesores sobre el edificio cuatro y mencionaban algo de la educación de los humanoides… decían algo sobre el tercer piso…

Tomo a Lina del brazo y salieron para el tercer piso. Según avanzaba Noam sentía extraño mareo, aquel lugar le parecía conocido, le recordaba… Le traía imágenes de un lugar parecido, pero mucho mas espaciado, recordaba una puerta… se vía alzando los brazos para abrirla, pero su mano no alcanzaba a apretar el botón. Recordó un número: 313. Apresuro el paso, hasta llegar a un estrecho pasillo con puertas a ambos lados los numero de la parte izquierda eran impares: 307, 309, 311, 313… Acerco su mano temblorosa a la puerta y apretó un botón. La puerta se abrió en su interior había un niño acostado con la cabeza llena de cables conectado a una computadora. Noam sintió nauseas. El niño tenía el rostro demacrado, en sus ojos largas ojeras. Igual que el después de la crisis, cuando le dieron el tratamiento para curarlo lo conectaron a una computadora durante días, luego se contemplo su rostro demacrado, y aquellas ojeras… Los espejos estaban prohibidos, no había espejos en ninguna parte, el tenia uno escondido que se lo había regalado Tom recuerda sus palabras como si fuera hoy: ” ese eres tu le dijo poniéndole el espejo en frente- mírate ahí, ellos no quieren que sepas quien eres; este es un espejo, ese es tu rostro; contémplalo siempre, y piensa que ese eres tu, y pregúntate a ti mismo; quien eres tu, quien es Noam, y si ambos son la misma cosa…”. Dejo la idea incompleta. Entonces yo no podía entender lo que me decía, presentía que trataba de alertarme sobre algo.

Salio del cuarto con la cabeza hundida entre los hombros, ello lo seguía presentía que el se acercaba a la verdad.

Fue recordando fragmentos de su vida; como le daban cocientazos cuando hacia algo mal; como le enseñaban a construir robot, a armarlo y desarmarlos. Tenia algunas imágenes borrosas, que se confundían con sueños, como aquella de un humanoide desarmando a otro y ver la sangre brotar por todas partes, verle las tripas… y alguien preguntar: ¿donde están los cables?… Ver a los profesores llegar corriendo y llevárselos a ambos: al que lo estaba desarmando y al desarmado, y luego no saber mas de ellos… Nunca supo si aquello era una imagen real o un sueño. Cuantas veces le pregunto a los demás si soñaban y ellos le respondían: ¿Soñar? ¿Para que? Después vino la crisis…

Miro a Lina, contemplo sus ojos suplicantes.

Quiero escapar de aquí le dijo.

Ella sonrió.

Ven te llevare conmigo. El corazón me dice que eres mi hermano.

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Acerca de Alejandro Madruga

Licenciado en Cibernética Matematica. Trabajo el tema de la Inteligencia Artificial desde 1986. He publicado articulos y ensayos sobre la Cibernetica y las tendencias tecnologicas. También he publicados narraciones de ciencia ficción
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